Entre los muchos paisajes de singular belleza del Tíbet, el Monte Kailash y los lagos Manasrovar y Rakash Tal, tienen un especial valor simbólico para los tibetanos. La montaña sagrada ha sido, desde tiempos remotos, una fuente de inspiración. Para los primeros tibetanos Bonpos la zona representa el lugar donde el fundador de su tradición nació y dio enseñanzas. Más tarde se convirtió en un lugar de veneración budista, legendariamente unido a Guru Padmasanbhava, uno de los pioneros del Budismo en Tíbet. Los hindúes veneran el lugar desde tiempos remotos, y también es sagrado para los jainas.
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